DOMINGO DEL TRIUNFO DE LA ORTODOXIA.

El tema es extremadamente simple y no necesita sino de buena intención y fe. Si procuramos, todos los días, con buena intención, aunque sea de a poco, el resultado con el pasar de los días sería bueno.

La buena intención se manifiesta en que yo me adelanto al otro en reconciliarme con él; pienso en el necesitado aunque mis potenciales son humildes; que yo me sacrifique a pesar de que otros no lo hacen; que pienso y hago las cosas buenas aunque el ámbito externo viva lo contrario a ello; que yo vaya a la iglesia para santificar mi vida y también para orar por los demás, quienes, como yo, necesitan de la Gracia de Dios y de su Misericordia.

Lo más simple de las cosas es el amor, pero su práctica necesita de la voluntad, el sacrificio y la fe.
El amor es la señal que Cristo ha puesto para que la gente conozca a Sus discípulos.

Vivir el Gran Ayuno renueva en nosotros la energía del amor y nos hace testigos vivos de Cristo en el mundo. Vengan, demos testimonio del nombre que llevamos, -el de Cristianos- y si alguno nos pregunta acerca de nuestra fe, no nos avergoncemos en decirle, con toda fe y orgullo: “Ven y lo verás”, pues estamos seguros que entre nosotros conocerá a Jesús, amén.

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