LA SANTA RESURRECCIÓN PARA LA IGLESIA ORTODOXA

En el acto de la resurrección, Dios da al alma de Cristo el poder de despertar su cuerpo del sueño y de unirse a Él: “le era imposible a la muerte retenerlo” (Hech 2,24).

En efecto, por su obediencia total al Padre, obediencia al Amor que crucifica, Cristo –Amor crucificado- adquiere la deificación perfecta de su humanidad, situada desde ahora en una inmortalidad actual.

Está la participación del Verbo en el acto trinitario, pero también la participación sinergética y activa de su humanidad en la victoria sobre la muerte.

Si Dios no puede salvar al hombre sin él, tampoco puede resucitarlo sin su activa participación, sin el sudor de sangre y elfiat de Getsemaní…

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