LOS SACRAMENTOS EN LA IGLESIA ORTODOXA

LOS SACRAMENTOS

Reconozco un solo bautismo para el perdón de los pecados.

La forma de entrar a la Iglesia Cristiana es por el Bautismo “en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”. (Mateo 28, 19, la lectura del Evangelio para el Oficio del Bautismo en la Iglesia Ortodoxa).

La Palabra Bautismo quiere decir inmersión o sumersión en agua. Fue practicado en el Antiguo Testamento e inclusive en algunas religiones paganas como una señal de muerte y renacimiento. Así, Juan Bautista bautizaba como signo de nueva vida y arrepentimiento que significa literalmente un cambio de mente, y también como signo de deseos y acciones preparatorias para la venida del Reino de Dios en Cristo.

En la Iglesia, el Bautismo significa muerte y renacimiento en Cristo. Es la experiencia personal de la Pascua de Resurrección ofrecida a cada ser humano, la real posibilidad de morir y “nacer de nuevo” (Juan 3, 3).

“No sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús hemos sido bautizados en Su Muerte?. Porque somos sepultados juntamente con El, para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva. porque si fuimos plantados juntamente con El en la semejanza de Su Muerte, así también lo seremos en la de Su Resurrección”.

Romanos 6, 3-5; Lectura del Oficio de Bautismo en la Iglesia Ortodoxa.

El bautismo es la fundamental experiencia Cristiana, la condición primera para la vida cristiana total. Todo lo que está en la Iglesia encuentra su origen y contexto en el bautismo pues todo lo que está en la Iglesia origina y vive por la Resurrección de Cristo. Así, después del Bautismo viene el “sello del don del Espíritu Santo”, el Misterio (Sacramento) de la Crismación que es la experiencia personal de Pentecostés de cada hombre. Y la plenitud y cumplimiento de estos fundamentales misterios cristianos vienen en el Misterio de la Santa Comunión con Dios en la Divina Liturgia de la Iglesia.

Solamente las personas que están comprometidas con Cristo en la Iglesia Ortodoxa mediante el Bautismo y la Crismación pueden ofrecer y recibir la Santa Eucaristía. La Santa Eucaristía es la Santa Comunión. Como tal, no es solo un “medio de santificación” para creyentes individuales, o un medio por el cual un individuo pueda lograr “comunión” con Dios según su propia conciencia particular, creencias y prácticas. Es mas bien el acto abarcante de la santa Comunión de muchas personas que poseen la misma fe, la misma esperanza, el mismo bautismo. Es el acto corporativo de muchas personas que tiene una mente, un corazón, una boca al servicio del único Dios y Señor, en el único Cristo y el único Espíritu Santo.

Participar en la Santa Comunión en la Iglesia Ortodoxa es identificarse plenamente con todos los miembros de la fe Ortodoxa, vivos y muertos; es identificarse totalmente con todos los aspectos de la Iglesia Ortodoxa: Su historia, concilios, cánones, dogmas, disciplinas. Es “aceptar sobre si” la responsabilidad directa y concreta para todo lo relacionado con la tradición Ortodoxa y profesar responsabilidad en la vida diaria de la Iglesia Ortodoxa. Es decir delante de Dios y de los hombres que uno está dispuesto a ser juzgado, en el tiempo y en la eternidad, por lo que representa la Iglesia Ortodoxa en medio de la tierra.

Entrando a la Santa Comunión de la Iglesia Ortodoxa mediante el Bautismo y la Crismación, uno entonces vive conforme a la vida de la Iglesia en toda forma posible. Antes que nada uno es fiel a la doctrina y disciplina de la Iglesia por fiel comunión con la jerarquía de la Iglesia, que son aquellos miembros del Cuerpo, responsable sacramentalmente por las enseñanzas y practicas de la Iglesia; también a las imágenes sacramentales de la identidad y continuidad de la Iglesia en todo lugar y tiempo. Cuando uno entra en la comunidad del matrimonio, la unión de un hombre y una mujer para siempre según la enseñanza de Jesucristo, se santifica esta unión y se hace eterna y divina en el Misterio Sacramental de la Iglesia. Cuando uno esté enfermo y sufriendo, llama a “los presbíteros (sacerdotes) de la Iglesia” para que “oren por él, ungiéndole con aceite” en el misterio sacramental de la Santa Unción. (Santiago 5, 14) Cuando uno peca y se separa de la vida de la Iglesia, vuelve a la Santa Comunión de la comunidad divina mediante el Misterio Sacramental de la Confesión y arrepentimiento. Y cuando uno se muere, vuelve al creador en medio de la Iglesia, con las oraciones e intercesiones de los fieles hermanos y hermanas en Cristo y el Espíritu. Así la vida entera de la persona se vive dentro de y con la Iglesia como la nueva vida de plenitud en Dios Mismo, la Iglesia que es la presencia Mística del Reino de Dios que no es de este mundo. (Véase el Libro II, Vida Litúrgica y Oración en la Iglesia Ortodoxa).

La confesión de “un solo bautismo para la remisión de los pecados”, entonces, es reconocer que por la resurrección de Cristo, la vida ofrecida a los seres humanos en la Iglesia es una vida totalmente nueva.

“Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando Cristo, vuestra vida se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con él en gloria”.

Colosenses 3, 1-4

Así, en la Iglesia, toda la vida comienza en el nuevo nacimiento del bautismo, la “vida escondida con Cristo en Dios”. En esta nueva vida están contenidos todos los misterios de la fe cristiana. Fluye por las aguas del bautismo todo lo que se encuentra en la Iglesia: la remisión de los pecados y la vida eterna.